El fanatismo es aquella actitud del ser humano que se obsesiona sobre algo, una fijación sobre alguna cosa que motiva y gusta por lo que ya se sobrepasa los limites en las relaciones.
Existe el fanatismo deportivo, de modas, de redes., etc.
El fanatismo religioso se sobrepone por encima del amor humano y de la caridad.
El fanatismo religioso y sus efectos en la familia
Si bien es cierto es importante mantener una amistad con Dios desde tres pilares que sostengan nuestra conexión con Cristo y la iglesia.
1.-Unos actos de piedad genuinos y auténticos, con oración del corazón, misa comunión, reconciliación, como lo dice la palabra de Dios si exhibición “¿Vas a orar? enciérrate en tu cuarto donde nadie te vea
2.-Conocer la palabra de Dios a través del estudio de ella. Estudiar la Biblia, acudir a Centros de formación.
3.-Y esto llevarlo a todos los hermanos, a nuestra familia, amigos a todos sin distinción sin imposición sino a través de nuestro testimonio de vida acercarlos a Cristo
La religión, cuando se vive con autenticidad y equilibrio puede ser una fuente de paz, esperanza y valores. Muchas familias encuentran en la fe la fuerza para enfrentar dificultades, perdonar, amar y mantenerse unidas.
Sin embargo, cuando la fe se convierte en fanatismo, el resultado puede ser lo contrario: división, conflicto y dolor.
El fanatismo religioso aparece cuando una persona adopta sus creencias de manera rígida, cerrada, absoluta, sin capacidad de diálogo o comprensión hacia los demás. Es cuando se deja de vivir la fe como camino de amor y se comienza a usar como instrumento de control, juicio o imposición.
¿Cómo afecta esto a la familia?
- Ruptura de la comunicación
Cuando solo una opinión es válida, y todas las demás se consideran “malas” o “pecaminosas”, se pierde el diálogo. La familia deja de ser un espacio de escucha y comprensión para convertirse en un campo de debate y presión. - Juicios y críticas constantes
El fanático puede llegar a juzgar a los demás miembros de la familia por su forma de vestir, de pensar, por con quién se relacionan o qué actividades realizan, generando heridas emocionales y resentimiento. - Aislamiento
A veces el fanatismo lleva a separar a la familia de amigos o actividades que no son “de la misma fe”. Esto puede provocar soledad, dependencia emocional y temor a lo diferente. - Confusión en los hijos
Los niños y jóvenes pueden llegar a vivir culpa, miedo o rechazo hacia la religión si esta se presenta de manera rígida y castigadora en vez de amorosa y liberadora. - Pérdida del sentido auténtico de la fe
Cuando solo importa “cumplir normas”, se olvida el mensaje central de muchas religiones: amar, acompañar, servir y construir paz.
¿Qué camino tomar?
La solución no es abandonar la fe, sino vivirla con sabiduría y equilibrio.
Una fe sana:
- Respeta la libertad del otro
- Escucha antes de imponer
- Construye puentes, no muros
- Se manifiesta en obras de amor, no en discusiones
La verdadera espiritualidad reconoce que cada miembro de la familia es único, con su propio ritmo y proceso, y que Dios actúa de múltiples maneras en cada corazón.
Que por tu fanatismo no descuides la unión familiar la comprensión y empatía con los tuyos
Que nuestra fe no sea motivo de división, sino un abrazo que une. Vivamos la religión como camino de amor, no como arma de juicio.
MCF Rocío Zárate Carreón





