Si los matrimonios aprendieran a manejar sus resentimientos, disminuirían en gran medida las separaciones y divorcios. Es urgente trabajar a este nivel y sanar la Sociedad, empezando por lo básico: la pareja humana.
Tenemos resentimientos cuando experimentamos un trato injusto: “cuando alguien nos ofende con sus palabras, hay dolor en nuestro corazón; cuando otros nos desprecian, nos sentimos devastados”.
Después de recibida la ofensa, usamos el tiempo pensando y repensando lo que sucedió, recordando y sufriendo nuevamente por lo que eso nos hizo sentir. Muchas veces nos dañamos aún más porque le suponemos intenciones negras al otro y aumentamos las dimensiones de lo sucedido.
Esta trama de sentimientos y resentimientos nos neurotiza, conduciéndonos a vivir en guerra con nosotros mismos y con los demás.
Algunas claves para acabar con esto, se hallan en los siguientes conceptos cristianos:
1. El Padre Nelson Medina, de la Orden de Predicadores, nos recuerda el Salmo 119, 71: “Me estuvo bien sufrir; así aprendí tus Mandamientos”. Y comenta: El sufrimiento produce muchas cosas, y no todas son malas. No es lo mismo sufrir y sanarse, que no sufrir. Las experiencias dolorosas valen en cuanto nos transforman en personas más humanas, con un corazón y una mente renovada en el amor.
2. La guerra no surge de la ofensa recibida, sino de la ofensa contestada. La próxima vez que te sientas mal por la conducta o palabras de otro hacia ti, conserva la calma y no respondas. Lleva a la oración ese momento. Pide luces para conocerte y descubrir qué es en realidad lo que te molesta. Encontrarás, así, el momento y las palabras adecuadas para no lastimar y, sin embargo, expresar tu necesidad de respeto y reconocimiento.
Aquí vale el consejo de la abuelita más sabia a la nieta próxima a casarse: “Nunca te vayas a la cama sin arreglar el malentendido del día”. Si llevas a cabo este sencillo consejo, no llegarás al lamentable momento de la fractura matrimonial.
Lupita Venegas


