Diciembre llega cada año con una mezcla de emociones intensas: ilusión, cansancio acumulado,
nostalgia, presiones económicas, compromisos sociales y el cierre inevitable de ciclo. Es un mes que activa profundamente nuestro sistema nervioso, porque condensa lo vivido y nos empuja a responder a expectativas externas —muchas veces más fuertes que nuestros propios deseos—.
El 3 de diciembre se suele sentir como ese punto donde todo empieza a acelerarse. Empiezan posadas, intercambios, cierres laborales, festivales escolares, compras y reuniones familiares. Parece que “hay que hacerlo todo”, “quedar bien
con todos”, y cumplir rituales que tal vez ya no resuenan contigo.
Pero no es diciembre el que estresa… Es la suma de cargas, ritmos y presiones que ignoramos durante todo el año y que explotan al final. ¿Por qué diciembre nos estresa tanto?
- Sobrecarga emocional:
El sistema límbico está más sensible: nostalgia, expectativas familiares, duelos, distancias emocionales y pendientes no resueltos resuenan más fuerte en esta época. - Aceleración del arousal:
El sistema activador reticular recibe un exceso de estímulos: luces, ruido, compras, tráfico, eventos. Esto se traduce en irritabilidad, cansancio, ansiedad, impulsividad y la sensación de “no llego a nada”. - Presión social y cultural:
Tenemos el guion invisible de que “diciembre debe ser perfecto”: feliz, familiar, abundante y lleno de magia. Cuando no lo es, la mente experimenta culpa o comparación. - Exigencia económica:
Regalos, cenas, ropa, convivios, viajes. El mensaje implícito: “si no inviertes, no celebras”. Esto mete al cuerpo en modo amenaza. La gran pregunta es: ¿Cómo quiero realmente vivir este diciembre?
El estrés baja cuando recuperas la sensación de elección. No puedes controlar lo que diciembre trae, pero sí puedes decidir:
– ¿A qué sí quieres decir “sí”?
– ¿A qué necesitas decir “no”?
– ¿Qué rituales quieres conservar?
– ¿Cuáles puedes transformar?
– ¿Qué memoria emocional quieres que quede de este mes?
Cuatro decisiones conscientes para un diciembre más ligero: - Decide el ritmo:
Puedes elegir días tranquilos, tardes sin compromisos y pausas para recuperar energía. - Decide el tipo de conexión:
Prioriza los espacios donde te sientes visto, escuchado y tranquilo. - Decide el gasto emocional y económico:
Haz un presupuesto realista, emocional y económico. Simplificar también es celebrar. - Decide qué significado quieres darle al mes:
Diciembre puede ser fiesta, pero también puede ser pausa, renovación, familia pequeña, espiritualidad
o sanación. La tradición no es más importante que tu salud mental.
Psic. Mariana Iturbe





